Iker frunció los labios como si estuviera regañando a su papá por haberlos echado de casa tan rápido. ¡Ni siquiera tuvo tiempo de quedarse un ratito más con mamá!
Cuando Yulia vio la carita triste de su hermano, su corazón se derritió. Se agachó y, con todo el cariño, le dijo:
—Iker, hoy te voy a llevar a jugar. Vamos a hacer un picnic, ¿te gusta la idea?
Los ojitos de Iker brillaron de felicidad.
—¡Sí! Hermanita, pero ¿me dejas usar un ratito tu celular? Quiero decirle algo a mamá.
Yulia le pas