Rodrigo no había perdido su atractivo y decidió usarlo a su favor. Se puso un traje muy elegante que había comprado y unas gafas oscuras para que nadie lo reconociera. Fue directo al bufete de abogados de Mauricio, aprovechando que ya sabía que él estaba en Nueva York. Nadie en la oficina lo conocía.
Con una actitud muy coqueta, Rodrigo comenzó a hablar con la secretaria. Se hizo pasar por un viejo y gran amigo de Mauricio.
—Necesito darle una sorpresa, pero no tengo la dirección de su nuev