La puerta de la descuidada habitación del hotel de paso crujió levemente cuando el sicario entró de manera sigilosa, asegurándose de no haber sido seguido. El ambiente dentro del cuarto era denso. Al ver entrar al hombre que tres años atrás había silenciado al juez Méndez, Rodrigo ni siquiera se inmutó; se mantuvo sentado con la espalda recta, demostrando que, a pesar de haber perdido su imperio, su naturaleza autoritaria seguía intacta.
Sin mediar palabra, Rodrigo estiró el brazo y colocó so