Rodrigo llegó a la mansión a altas horas de la noche con el rostro serio. En cuanto cruzó la puerta principal, sintió un silencio extraño que no le gustó para nada. Caminó con paso firme hacia las escaleras y subió directo a la habitación de Gabriela. Abrió la puerta de golpe, esperando verla dormida o encerrada, pero el cuarto estaba completamente vacío. Las luces estaban apagadas y la cama permanecía intacta.
El magnate sintió que la sangre se le subía a la cabeza. Comenzó a buscar a Gabrie