Rodrigo llegó a las oficinas de su enorme corporación en el centro de Nueva York como un verdadero torbellino. Entró a su despacho privado dando un portazo que hizo temblar los vidrios y asustó a su secretaria. Estaba completamente furioso. La conversación que había tenido esa misma mañana con el exjuez Méndez en el hotel lo había dejado acorralado, y Rodrigo era un hombre que se volvía sumamente peligroso cuando sentía que perdía el control de las cosas, Rodrigo no conocía la lealtad, por eso