El amanecer trajo consigo un aire frío que bajaba directo de las montañas del norte. En la sala de mapas del castillo, donde las mesas de roble aún conservaban las marcas de cera de las velas consumidas durante la noche, Paolo de Acasias examinaba los informes de los mensajeros.
Frente a él, el rey Lamderson observaba el despliegue de las insignias reales sobre las provincias. Aunque el peligro inmediato de la reina Marié había sido sofocado tras sus rejas en la Fortaleza de Piedra Negra, la