El paso por el Desfiladero de las Sombras era un corte estrecho y profundo en la cordillera, donde las paredes de roca gris apenas dejaban filtrar la luz del sol. El eco de los cascos de los caballos de la guardia de Acasias resonaba con una monotonía pesada.
Selena cabalgaba al lado de Paolo, envuelta en una capa azul oscuro. Aunque intentaba mantener la mirada al frente, una opresión en el pecho le impedía respirar con tranquilidad.
—Estás distante, Selena —dijo Paolo en voz baja, ajustan