El alba despuntó con un cielo gris y plomizo, cargado de una neblina densa que descendía sobre los patios del palacio real. El silencio de la mañana fue interrumpido bruscamente por el eco pesado de botas metálicas y el crujido de las puertas de hierro de la Torre Este.
Selena se levantó de golpe al escuchar el estruendo. Sin esperar a sus damas, corrió por el pasillo central de la fortaleza, con el corazón enmascarado por una horrible corazonada. Al llegar al patio interior, se encontró con u