El choque del acero contra el acero producía chispas que iluminaban fugazmente las paredes de piedra húmeda. El agua del acueducto se teñía de rojo oscuro mientras la guardia de élite de Acasias y los rebeldes de Marié se enfrentaban en un combate encarnizado en el túnel subterráneo.
Christopher peleaba con una ferocidad desatada. Su espada trazaba arcos mortales en la penumbra, respondiendo a cada estocada enemiga con la precisión de un hombre que ya no le teme a la muerte. A su lado, Paolo