Él se quitó la camisa de un tirón y por fin pude sentir su piel contra la mía, suave, tersa y cálida.
-Te amo... -me dijo al oído, en un susurro que me recorrió toda la espina dorsal.
Ay, no... eso terminó por derretirme por completo. Me olvidé del mundo y solo pude abrazarlo y besarlo con más ganas, entregándome por completo. Fue mi primera vez. Y aunque al principio sentí dolor, muy pronto ese dolor se transformó en un placer inmenso y en una felicidad absoluta. Estaba haciendo el amor