C245: A donde te voy a llevar será al cementerio.
Raymond volvió a tantear el terreno con extrema cautela, avanzando paso a paso, acortando la distancia entre ambos.
—¿Por qué se llevaron a mi hijo? —preguntó—. ¿Qué es lo que quieren? ¿Dinero? ¿Lo secuestraron por una recompensa? ¿O alguien les pidió que lo hicieran? ¡Respóndeme!
El hombre apretó la mandíbula, visiblemente alterado, y volvió a levantar el arma con torpeza.
—¡Cállate! Te dije que no te muevas. ¿Es que no escuchas? ¡No des un paso más!
Raymond no se detuvo. Avanzó otro poco, midiendo cada movimiento, como si caminara sobre un terreno frágil.
—Si se trata de dinero, puedo darte todo lo que quieras —continuó—. Mucho más de lo que imaginas. Pero solo si me entregas a mi hijo ahora mismo. Aprovecha esta oportunidad, porque no vas a tener otra.
No había en sus palabras una verdadera intención de negociar. Raymond no pensaba cumplir ninguna promesa; lo único que buscaba era que el hombre dudara, que bajara el arma, que cometiera un error. Sin embargo, el secuestrador no most