Raymond salió disparado tras él sin pensarlo, con el pulso desbocado y la respiración ardiéndole en el pecho. Corrió con todas las fuerzas que le quedaban mientras veía cómo el hombre atravesaba la salida del hospital y alcanzaba el exterior.
Desde la distancia, fue testigo de cómo el secuestrador se dirigía directamente hacia un auto estacionado, abría la puerta trasera y se metía de un solo movimiento. El vehículo arrancó de inmediato, lo que dejó en evidencia que alguien más estaba al volant