Al ver aquello, Vidal se sobresaltó de forma violenta y retrocedió varios pasos.
—¡Mierda! —soltó, antes de perder el equilibrio y caer de espaldas al suelo.
Permaneció allí unos segundos. El impacto de lo que acababa de ver lo había dejado completamente desarticulado.
Poco a poco, se incorporó sin apartar la vista de la maleta. Tragar saliva le resultó difícil; sentía un nudo en la garganta y una presión insoportable en el pecho. Dio un paso hacia la maleta, luego otro, avanzando con extrema lentitud. Luego, se inclinó y la abrió un poco más, lo suficiente para ver con claridad.
Entonces lo comprendió. No había lugar para dudas ni para autoengaños. El cuerpo que yacía allí dentro era el de Layla, que se encontraba en posición fetal.
Vidal cerró la maleta con brusquedad y se llevó una mano a la cabeza. Su rostro estaba desencajado, pálido, profundamente alterado.
—No… no… esto no puede estar pasando —murmuró, sacudiendo la cabeza—. Esto es una locura. Una completa locura...
Una risa n