Al ver aquello, Vidal se sobresaltó de forma violenta y retrocedió varios pasos.
—¡Mierda! —soltó, antes de perder el equilibrio y caer de espaldas al suelo.
Permaneció allí unos segundos. El impacto de lo que acababa de ver lo había dejado completamente desarticulado.
Poco a poco, se incorporó sin apartar la vista de la maleta. Tragar saliva le resultó difícil; sentía un nudo en la garganta y una presión insoportable en el pecho. Dio un paso hacia la maleta, luego otro, avanzando con extrema l