Vidal se quedó completamente aturdido ante aquella confesión. Durante unos segundos no reaccionó. La miró fijamente, como si esperara que en cualquier momento ella se retractara o confesara que todo era una exageración nacida de un ataque de ansiedad.
—¿Te... refieres a Layla? —preguntó al fin, pronunciando el nombre con cautela.
Apenas lo dijo, una oleada de pensamientos lo golpeó con fuerza. No se suponía que Alaska conociera el hecho de que Layla se estaba hospedando en un hotel. Si ella sab