C179: No quiero que esto pase de un mes.
Alaska sonrió con una dulzura estudiada y, tras asentir levemente, se puso de puntillas para alcanzar los labios de Vidal. Lo besó con suavidad, como si aquel acto bastara para sellar una promesa.
—Está bien, mi amor —murmuró ella—. Te amo. Al menos espero que puedas comer lo que te preparé.
—Sí, lo haré —respondió Vidal, devolviéndole una caricia breve.
Alaska salió de la oficina con el mismo aire sereno con el que había entrado, sin levantar sospechas, sin mostrar fisuras. Vidal, en cambio, n