Vidal quedó tieso durante un instante, con el pulso todavía acelerado por el sobresalto. La figura femenina había surgido a su espalda como una aparición silenciosa que lo tomó completamente desprevenido.
Lo inquietante no era solo su presencia repentina, sino la certeza de que había escuchado parte de la conversación telefónica. No sabía desde cuándo Alaska había entrado en la oficina ni qué tanto había alcanzado a oír, y esa incertidumbre le oprimió el pecho con una leve pero persistente ansi