Ámbar tenía la intención de marcharse, pero nuevamente Layla trató de impedírselo tomándola del brazo con brusquedad.
—¡¿A dónde vas, estúpida?! ¡Aún no he terminado contigo! —exclamó, pero Ámbar se zafó de su agarre con un estirón.
—¡Suéltame! ¡Te he dicho que no me vuelvas a tocar!
En ese momento, la figura de Margot apareció en la cocina.
—¿Pero qué es todo este griterío?
—¡Esta intrusa dijo que me echaría a la calle! —Layla apuntó a Ámbar con el dedo—. ¡¿Quién demonios se ha creído que es?!