La tentación y el dolor del pasado.
«—¿Eres feliz? —preguntó, dándole un beso en la frente.
Hacía calor dentro de la habitación, pero ninguno quería alejarse del otro para encender el aire acondicionado.
—¿Qué clase de pregunta es esa? —respondió ella, pellizcándole la mejilla derecha—. Por supuesto que soy feliz. Te tengo a ti y estoy por terminar mi carrera. Además, mañana conoceré a tu familia.
—Sí, respecto a eso… —calló, mirando el techo—. Nada, supongo que son los nervios. Nunca he llevado a nadie a casa.
—También estoy ner