Epílogo.
El sonido de las risas llegaba hasta la cocina y Lucía negó con la cabeza. Conocía muy bien esas risas y no presagiaba nada bueno, al menos no para ella. Significaba que algo estaban tramando o peor aún, que algo habían hecho. Se inclinaba más por lo segundo; además, no sería la primera vez.
Exhalando un suspiro, con las risitas de fondo, Lucía se colocó las manoplas y sacó del horno una bandeja repleta con galletas con chispas de chocolate, las preferidas de ciertas personas que se encontraban