Mucha tristeza.
POV; Carmelina
—¡Ay padrecito!—volvi a gritar suavecito.
Su lengua jugaba con mis pezones dentro de su boca, bajo la humedad caliente que me atrapaba tanto arriba como abajo. El padrecito me estaba volviendo loca y yo lo disfrutaba.
Arque un poco la espalda con ganas de que se metiera la teta que me estaba chupando por completo en la boca.
—¿Te gusta, pequeña pecadora? —Lo escuché decir cuando libero un pezón y me miró con sus ojos azules, intensos, con chispas de fuego rojo. —Dimelo.
Su voz