POV; El padrecito
Mis manos se cerraron en puños con una ferocidad instintiva, tanta que mis uñas casi desgarran la piel de mis propias palmas.
El sudor me perlaba la frente mientras por dentro algo me devoraba: una frustración áspera, rabiosa, al sentir que el olor de la corderita regordeta se desvanecía sin piedad. Incluso Escorpio pareció retraerse, enfriarse en la mugre de la decepción, con el deseo sofocado por la presencia inoportuna de alguien oculto en las sombras, demasiado cerca… tan