Me encantó ver mi reflejo en el espejo. El verde escándalo me sentaba muy bonito, aunque no fuera mi color preferido. Di un par de vueltas frente al cristal y luego pellizqué mis cachetes para darles un poco más de vida; no me gustaba verme pálida. Acomodé el cabello con los dedos, alborotándolo apenas para que ganara volumen. Me sentía feliz, casi realizada. En pocos minutos estaría frente a mi padrecito.Respiré hondo y tomé mi cartera favorita, la de brillos, esa que mi mamá me había regalado en una de nuestras últimas salidas de compras, en aquella ciudad cercana, la más próspera que conocíamos en comparación con este pueblecito tan diminuto.—Estás perfecta —me elogie, al ver lo linda que me veía, incluso que empezaba adelgazar. " Dos días más de hambre que pase me servirían" pensé con alegría. —¡Ay, padrecito Mateo!, hoy se enamorará de mí, estoy segura —dije en voz alta, casi dando saltos de felicidad.Tras aprobar una última vez mi look, caminé hacia la puerta y sellé mi salid
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