Ya eres mía.

—No quiero eso. —Le dije conteniendome no solo a mi, también al animal feroz que me habitaba. —Te quiero a ti corderita. —Agregue antes de tomar la toalla y tirarla al piso.

Mis sentidos estaban ceñidos a la visión exquisita de su cuerpo voluptuoso. La corderita tenia una tetas hermosas, jugosas... bonitas.

Lo más impresionante era lo quieta que estaba, a espera que la devorara. Pronto atendí a ese llamado; al de su corazón que lo escuchaba latir muy fuerte, al del olor de su sexo que ya me t
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