—¡Auuu! —Chille cuando mi pequeño tacón tropezó con una piedra y me empezó a doler un poco el talón izquierdo. —No puede ser, ya casi llego.
Sople para calmarme, no podía retroceder... tenía que llegar. Simplemente moví un poco el pie y seguí caminando, esa vez mirando la tierra pedregosa.
Ya me estaba arrepintiendo de haberme puesto algo más cómodo para ir a ese lugar tan horrible. El calor insoportable, la brisa que casi me levanto la falda cuando baje del bus, todo era horrible. Pero la emoc