Ardor, pasión y susto.
Era como si me partieran en dos mitades. La sensación de eso tan inmenso rompiendome por dentro fue más doloroso de lo que pude haber imaginado nunca. Los cuentos de mi tía quedaron cortos, en comparación a la sensación.
El me abrió, más... empujó más fuerte.
—¡Ay...! —grite más fuerte, casi implorandole que se detuviera o me diera más suavecito. —Padrecito, me duele... ahhh.
Después que le suplicara un poco y bajara la vista para ver como me estaba cogiendo. Comprobé que la tenía toda enterr