Leila estaba delante de la puerta de la casa de Kelvin con un millón de abejas zumbándole en el estómago y el corazón acelerado como un caballo dopado.
Era la primera vez que lo veía desde que lo besó. Lo había estado evitando porque creía que las cosas serían demasiado incómodas entre ellos, pero era importante que se reunieran hoy. La primera audiencia de su madre era dentro de unos días y debían acordar un plan de acción.
Ella no podía esperar a que todo esto terminara para poder rechazar