ELAINE
Se había convertido en una rutina; yo apareciendo en casa de Duncan sin avisar como si fuera lo más normal del mundo.
Como siempre, él lo odiaba. Sus hijos, en cambio, lo adoraban. No les importaba cuántas veces Duncan refunfuñara sobre "límites" y "respeto"; en cuestión de segundos se me echaban encima, arrastrándome dentro de la casa antes de que él pudiera terminar una frase completa.
Honestamente, había llegado a disfrutarlo. Quizás demasiado. Había algo muy satisfactorio en ver a Dun