ELAINE
Decir que me sorprendió era quedarse corto. Pero también me emocionaba mucho. Los invité a entrar a la casa.
Podía sentir los ojos de Duncan sobre mí.
No de esa manera obvia y persistente con la que la mayoría de los hombres miran cuando creen que eres atractiva. No, la mirada de Duncan era... diferente. Reflexiva. Pensativa. Casi confundida, como si tratara de resolver una ecuación que no se quedaba quieta el tiempo suficiente para que pudiera terminarla.
Quería saber qué pasaba por su m