SOPHIE
Hasta hace unos días, el sonido de mi alarma me llenaba de pura emoción. Ahora lo único que lograba es que enterrara mi cabeza en la almohada con total irritación mientras reconsideraba cada una de mis decisiones de vida.
—Apaga eso y mete tu trasero en la ducha, Sophie. ¡Es hora de ir a trabajar! —gritó Celeste desde fuera de mi habitación al mismo tiempo que golpeaba la puerta.
Se alejó después, pero no sin antes soltar una risita malévola con toda la intención de que la escuchara.
Esa