Ecos de un nombre olvidado
El frío de ese lugar se colaba en mis huesos, como si la misma esencia del espejo absorbiera el calor de mi cuerpo, dejándome temblando desde dentro. No era un frío normal, sino un frío que calaba en el alma, un vacío helado que se extendía hasta donde alcanzaba mi mirada. Los reflejos a nuestro alrededor parecían susurrar mi nombre, pero no como un susurro cualquiera; había una mezcla de ternura, casi maternal, pero también una amenaza latente, como si esas voces qui