Fragmentos de una verdad oculta
La noche había caído como un manto pesado sobre la ciudad, envolviéndola en un silencio que parecía tan irreal como todo lo que había sucedido desde que el nombre “Anabel” apareció en nuestras vidas. La habitación estaba llena de un aire denso, cargado de tensiones que se respiraban como un veneno invisible, mientras el viejo diario y la fotografía descansaban sobre la mesa, vigilándonos con el peso de los secretos que aún no podíamos descifrar.
Me quedé de pie j