Ecos en el cristal
El aire helado me golpeó el rostro apenas cruzamos el umbral de la vieja mansión Umbra, y un escalofrío recorrió mi columna, tan agudo que me hizo detenerme. El polvo flotaba en haces de luz sucia que atravesaban las rendijas de las tablas clavadas en las ventanas, y cada paso que daba hacía crujir la madera, como si la casa se quejara de nuestro atrevimiento.
Lucas iba delante, con su linterna temblorosa iluminando paredes descascaradas, dibujos antiguos que parecían mirarno