Ecos del reflejo
La habitación de Ana estaba sumida en una penumbra apenas rota por la luz mortecina que se colaba entre las cortinas raídas. Afuera, la tormenta rugía con furia, como si el cielo entero intentara limpiar el peso que ella llevaba dentro. Pero Ana no podía escapar de sus propios tormentos, no cuando los ecos del espejo maldito resonaban con fuerza en su mente, cada trueno mezclándose con ese susurro imposible de olvidar: Anabel… ven a casa…
Se sentó en el borde de la cama, tembla