La luna llena emergió entre las nubes como un ojo blanco que todo lo veía, bañando las ruinas de la casa con una luz fría y pálida. Cada piedra rota, cada grieta en las paredes, cada resto de ceniza parecía brillar bajo ese reflejo, como si el mundo mismo contuviera la respiración antes del final.
Nos preparamos en silencio.
Cassandra dibujaba símbolos en el suelo con sal y ceniza, sus manos firmes, aunque sus labios se movían en un murmullo de oraciones antiguas. León sostenía el cuaderno abie