La grieta
El grito de la sombra aún resonaba en mis oídos cuando el guardián se lanzó hacia la siguiente, desgarrándola con sus garras de oscuridad ardiente. El espejo pulsaba con luz azul, latiendo al ritmo de mi respiración, mientras el aire se llenaba de ese olor a hierro y cenizas que traían consigo.
León y yo no podíamos detenernos. Cada vez que una de esas figuras sin rostro se abalanzaba, entonábamos las frases del cuaderno, nuestras voces temblando mientras el suelo vibraba con el pode