La niebla de las dudas no se disipó con el amanecer. Se instaló en el apartamento de Charlotte, una presencia silenciosa que empañaba incluso los momentos más dulces. Hacía semanas que notaba cambios en su cuerpo, pero los había atribuido al estrés, a la montaña rusa emocional que era su relación con Adriano.
Pero una mañana, mientras preparaba el desayuno, el olor del café, que siempre la había reconfortado, le revolvió el estómago de una manera tan violenta que tuvo que correr al baño. Se apo