SOFÍA
El silencio es dulce. Entumecedor. Engañoso.
Nuestros cuerpos aún están entrelazados bajo las sábanas, desnudos, cálidos, lentos. Y por un instante, me digo que podría volver a dormirme contra él. Solo un instante. Reducir la velocidad. Olvidar.
Pero el pensamiento regresa. Implacable. Una pregunta. La única que aún no he hecho. Aquella que temo, pero que me quema desde hace semanas.
¿Cuándo me iré?
Me quedo allí, inmóvil, mi mirada en el techo pálido. El peso de su brazo alrededor de mi