Sofía
Creo que me he quedado dormida.
Pero no fue un verdadero sueño, sino más bien un apagón momentáneo, brutal, como si mi cuerpo, vacío de toda voluntad, hubiera caído en la sombra durante el tiempo de un latido.
Aún floto en esta media conciencia turbia, donde el pensamiento se desvanece y donde el cuerpo solo continúa existiendo. Una torpeza cálida, pegajosa, adherida a mi piel desnuda.
Y luego percibo algo.
Un aliento. Una boca. Una lengua.
Una presencia indistinta, que se insinúa contra