Sofía
Sus labios se apartan de los míos, pero sus manos permanecen. No habla. No lo necesita. Todo en él grita el silencio después de la tormenta, o tal vez solo un calma aún más peligrosa. Su mirada me atraviesa como un fragmento de vidrio: cortante, precisa, sin escapatoria.
Entiendo que ya no es un juego.
No realmente.
Es una rendición. O una guerra.
— Desvístete.
No es una petición. No es una orden.
Es un ultimátum.
Me mantengo erguida. Mi respiración se acelera.
— ¿Y si digo que no