Sofía
Él está ahí.
Sentado en su sillón, con la espalda recta, el codo apoyado, la mirada perdida hacia el ventanal.
Como si contemplara un imperio invisible, algo que ya está seguro de poseer.
Un rey sin corona.
Un hombre sin dios.
Y, sin embargo, todavía cree que todo se organiza a su alrededor. Que las cosas terminan por doblarse.
Que yo, al final, terminaré por doblarme.
— La boda se ha adelantado, dijo esta mañana.
Con tono calmado. Formal. Helado.
Como si me preguntara si me gustaba el pe