Sofía
No he dormido.
Ni un solo segundo.
Y no es por falta de ganas, no.
Es porque el sueño no puede llegar cuando uno está suspendido en un vacío tan helado, cuando cada latido del corazón es un recordatorio brutal de que algo se ha derrumbado o está a punto de derrumbarse.
Cada vez que mis párpados se pesaban, lo volvía a ver.
Él.
Su mirada como un hacha.
Sus palabras, cortantes e irrevocables: La boda está adelantada.
Creo que escuché esa palabra como se recibe una detonación en una