Sofía
Después de colgar, me quedé ahí. Inmóvil.
El teléfono contra mi pecho. El corazón que late demasiado fuerte, demasiado rápido, como si intentara llenar un vacío que ya no puedo ignorar. Como si intentara desesperadamente encontrar un punto de anclaje en esta casa que no es la mía. Que nunca lo ha sido.
El silencio aquí es aterciopelado, casi majestuoso. Todo es demasiado liso, demasiado bien aceitado, como si cada objeto hubiera sido colocado con la precisión de un arquitecto maniaco. Una