Elio
Me adelanto entre los escombros.
Los neones parpadean, el humo se eleva como una oración quemada.
Y ahí, en el centro, ella.
Sofía.
Atada, exhausta, pero viva.
Sus ojos se levantan, lentos, aturdidos.
Nuestras miradas se cruzan.
Y todo se desvanece.
Me arrodillo, desato los lazos.
Sus muñecas están en carne viva, sus dedos tiemblan.
Ella me fija, sin una palabra.
— Te he buscado, digo.
Una lágrima rueda por su mejilla.
— Sabía… que vendrías.
La abrazo contra mí, sin p