El aire del búnker parecía más denso que nunca. Ahora que todos los hombres leales a la memoria del padre de Serena habían llegado, el espacio ya no se sentía como un escondite, sino como el corazón latente de una organización que comenzaba a despertar de entre las cenizas.
Dante permanecía de pie frente a una mesa improvisada, cubierta con mapas, fotografías y documentos arrugados que habían logrado rescatar de viejos archivos. Su mirada era fría, concentrada, mientras con un dedo recorría las