La noche estaba cargada de un aire expectante, como si la ciudad misma contuviera el aliento. Dante observaba el mapa extendido sobre la mesa de metal. Cada línea, cada acceso a la mansión que alguna vez había sido suya estaba marcado con precisión.
Los hombres esperaban en silencio. Serena se mantenía a un costado, su postura erguida, la mirada fija en Dante como si tratara de anticipar sus pensamientos.
—Entraremos por el ala norte —comenzó Dante, señalando con el dedo una línea marcada en ro