La nieve se derretía sobre los techos de la Fortaleza mientras el sol nacía entre nubes pesadas. La mañana olía a metal, a gasolina y a pólvora recién pulida. No era un día más: era el inicio de la guerra abierta.
Dante se ajustó los guantes de cuero negro mientras observaba el mapa tridimensional desplegado sobre la mesa central. A su alrededor, el consejo completo de La Roja aguardaba sus órdenes. Mikhail estaba de pie a su derecha, Sergey revisaba los códigos de comunicación y Ekaterina, con