El amanecer trajo consigo un murmullo extraño en el búnker. Serena apenas había dormido, su mente repasando una y otra vez las palabras de Marco y el peso de lo que significaba reunir a los hombres de su padre. Se levantó temprano, pero Dante ya estaba despierto, apoyado contra la pared, observándola con esos ojos oscuros que parecían leer cada pensamiento escondido.
—Hoy es el día —dijo él, sin apartar la mirada.
Ella asintió, tragando saliva.
—Hoy veremos si realmente hay alguien dispuesto