La noche era inquieta en Sicilia. Salvatore se encontraba en su despacho, rodeado de pantallas y papeles, mientras sus hombres le entregaban informes uno tras otro. Había aprendido a no subestimar las señales, y lo que estaba leyendo lo mantenía con el ceño fruncido.
—Capo… —dijo uno de sus subordinados, nervioso—, la seguridad en el norte de Italia se ha multiplicado. Movimientos de hombres armados, autos blindados, alquiler de propiedades privadas… algo grande está pasando.
Salvatore encendió un cigarro y lo sostuvo entre sus dedos, sin despegar la vista de los documentos.
—Eso no es suficiente. Quiero saber quién está detrás.
Fue entonces cuando otro de sus hombres entró apresuradamente con un sobre sellado.
—Lo interceptamos hace dos horas en el aeropuerto privado de Venecia.
Salvatore abrió el sobre con rapidez. Dentro había fotografías en alta resolución. Al desplegarlas, su mano se quedó inmóvil.
Allí estaba: un avión pintado de rojo intenso, con una rosa blanca atravesada por