Serena despertó con la sensación de estar cayendo, aunque su cuerpo yacía inmóvil sobre una superficie fría y lisa. No era piedra común: la obsidiana absorbía el calor, el sonido, incluso el miedo. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba… y con quién.
Zhar.
El aire en la sala de contención oscura vibraba con una energía contenida, como si el lugar mismo estuviera respirando al ritmo de la marca que ardía en su piel. La luz era tenue, rojiza, proveniente de símbolos antiguos grabados en las