—¿Por qué lo sientes? No hiciste nada malo.
Me besó de nuevo antes de atraerme hacia la dureza de su pecho. Apoyé mi mejilla contra su corazón y escuché su constante latido mientras él pasaba su mano por mi espalda.
—Siento que experimentaras la oscuridad de lo que ofrece este mundo. Ojalá nunca tuvieras que formar parte de eso. —Había tanta sinceridad en sus palabras que sentí el pinchazo de lágrimas no derramadas en mis ojos—. Nadie te hará nunca daño. Nunca lo permitiría, moy svet.
Le creí.